Ensayo Fidel Rauda se alista para votar en San Salvador, capital de El Salvador, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales el pasado 2 de febrero. El izquierdista Frente Faraundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) es el más opcionado para ganar durante la segunda vuelta electoral el 9 de marzo de 2014.
 / Róger Lindo

Publicado en marzo 2014 | Fidel Rauda se alista para votar en San Salvador, capital de El Salvador, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales el pasado 2 de febrero. El izquierdista Frente Faraundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) es el más opcionado para ganar durante la segunda vuelta electoral el 9 de marzo de 2014. / Róger Lindo

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Despacho desde El Salvador • Noticias de una elección


A pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales salvadoreñas, el escritor Róger Lindo analiza los comicios donde el tiempo no pasa y la retórica añeja todavía conserva valor de uso.

Por Róger Lindo

San Salvador • “Si gana el FMLN, ¿qué será de nuestro Señor Jesucristo?”, se preguntaba recientemente una exaltada columnista en las páginas de El Diario de Hoy, la publicación más militante de la derecha en El Salvador. Apelaba a los sentimientos de su lectores conservadores y a los poderes proféticos de la Virgen de Fátima para conjurar el temor de que se instale un Gobierno “ateo/anti-cristiano” en este país. En cambio, para el editorialista del mismo diario, el fin ya ha llegado: “Por si no se han enterado, ya caímos en la dictadura”, informaba al día siguiente.

Bienvenido al mundo de las elecciones salvadoreñas, donde el tiempo no pasa y la retórica añeja todavía conserva valor de uso. Pero descontando los cuentos de fantasmas —iguales o parecidos comentarios echaron a volar cuando Mauricio Funes fue candidato del Frente en 2009—, el tono apocalíptico que contagia a la prensa derechista no es del todo infundado: en esta elección, ARENA, que prometía ser la sepulturera de los “rojos” en El Salvador, en buena medida se juega su propia supervivencia. No pocos piensan que, de perder la votación presidencial el 9 de marzo, esa formación política podría seguir el camino de los dinosaurios. Y no tanto por los avances de su principal adversario, sino por sus propios desaciertos. Cuando menos, el partido emblemático de la derecha en el último cuarto de siglo, no podrá seguir andando de la misma manera. Esto no necesariamente es el fin. Otros aparatos políticos que sufrieron descalabros –el PRI mexicano, sin ir más lejos—, se remozaron, se adaptaron a los tiempos, y gozan actualmente de buena salud. Lo mismo podría ocurrirle a ARENA.

Por hoy los vientos soplan en contra de la derecha salvadoreña. Todas las  encuestas dan por ganador en marzo al candidato presidencial del FMLN, y con abundante ventaja —diez o más puntos—. En la primera ronda electoral, en febrero, la izquierda ya había superado a todos sus contrincantes, pero se quedó corta por 300,000 votos. Entonces, la mayoría de los análisis arrojaba que si el FMLN no ganaba ese pulso, su destino sería perder en segunda ronda. Pero una serie de acontecimientos nefastos para ARENA –incluyendo un multimillonario escándalo de corrupción, en el que figuran millones de dólares en donaciones ilícitas de Taiwán que un expresidente de ARENA admitió haber recibido— han puesto a esta en caída libre.

El Salvador 2

Foto de Róger Lindo – La participación de los jóvenes fue nota predominante durante las elecciones presidenciales en El Salvador el pasado 2 de febrero. En la foto se aprecia a estos jóvenes, simpatizantes del izquierdista FMLN, con la icónica imagen del Ché Guevara pintada en el rostro.

La antigua guerrilla convertida en partido electoral lleva como candidato a un líder de izquierda de pedigrí, el excomandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén, de 69 años. Hace cinco años, hubiera sido impensable que un personaje con el pasado y el perfil militante de Sánchez Cerén tuviera la menor oportunidad de ganar la presidencia en El Salvador. Acierto del FMLN fue postular en la votación presidencial de 2009 a un periodista sin militancia conocida, Mauricio Funes, más bien de credenciales democráticas. Sin esa carta ganadora, el FMLN no estaría en el poder. Pero, aparentemente, el centro político se ha movido. Los salvadoreños, incluidos los de clase media, no le temen ya a un Gobierno de izquierda. Votantes abordados en un sondeo de La Prensa Gráfica mencionan que el actual gobierno les ofrece suficientes razones como para confiarle el mando de la nación por segunda ocasión consecutiva al FMLN.

Como sea, quienquiera que gane la consulta se las verá con una oposición que hará todo lo posible por hacerle la vida imposible. Esa ha sido la pauta establecida en los cinco años anteriores, y nada indica que vaya a cambiar. Las gremiales de empresarios, lideradas por radicales, y acompañadas de la prensa –mayoritariamente de derecha en este país— arremetieron contra el Gobierno Funes/FMLN con una bola de demolición. En reciprocidad, el presidente más mediático que ha tenido El Salvador desde los tiempos de Napoleón Duarte, resultó ser un formidable enemigo, y les ha devuelto golpe por golpe, y más.

Hasta ahora, sin embargo, a pesar de la polarización y los enconos ideológicos que prevalecen en El Salvador, la violencia y los desmanes en esta elección se sitúan exclusivamente en el terreno de las palabras y los amagos. Pero esto tampoco debe llevar a olvidar que las palabras configuran situaciones, y que con ellas se pueden crear atmósferas capaces de conducir a conflictos irreductibles, tal como sucedió en la guerra pasada.

Faltan poco más de dos semanas para la votación, y todavía puede que se produzcan algunas sorpresas, pero no hay razones para temer un desenlace traumático. A lo sumo, la derecha podría alegar fraude, pero dado que todas las encuestas sin excepción ponen a ARENA en un distante segundo lugar, semejante reclamo tendría visos de irracionalidad. Con parecida certeza puede decirse que no está en marcha una revolución en este país; que no habrá vuelcos espectaculares, ni mucho menos el apocalipsis. El Salvador seguirá existiendo, casi tal cual es, y por mucho tiempo, rodando sobre las mismas ruedas que se construyeron hace cien años.

Róger Lindo

escritor y periodista. Regresó a El Salvador después de 20 años en Los Ángeles, California, donde se desempeñó como periodista en el diario La Opinión. Entre su producción literaria se destacan la novela El perro en la niebla y el poemario Los infiernos espléndidos.

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