Cuentos Amazonas 2 074

Publicado en agosto 2013 |

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14:30/ Mj/Des/alfa-2


Una oda al biólogo de campo

por Andrés García

La lluvia lo golpea inclemente. Hoy llueve con furia, piensa mientras se refugia como puede bajo una rama de palma. En la selva, la lluvia tiene cientos de formas. Lluvia Sensual, que cae como sin querer y que humedece todo lentamente a su paso. Lluvia Caótica, compuesta de gotas de todos los tamaños que caen irregulares. Lluvia Felina, que descarga toda su fuerza en un zarpazo fugaz y luego se va sin dejar rastro. Hoy llueve con furia. Gotas grandes que caen de manera violenta. Se diría que los dioses están tratando de destruir el Amazonas en un acceso de ira sin cuartel.

Pero él sabe que no son los dioses, sabe que en el cielo no hay dioses, ni en plural ni en singular, lo sabe porque es su trabajo saberlo: es un biólogo.

Tiene frío y está cansado. Su mirada se pierde, fija en lo alto. Allá arriba, a veinticinco metros de altura, se encuentra el sentido actual de su existencia: un grupo de monos que rastrean la selva en busca de frutos, una manada a la que no pertenece y a la que sin embargo le ha entregado casi un año de su vida.

Hace diez meses que se pudre en la selva, hace diez meses que es feliz. Los hongos que crecen entre sus dedos, y que se han extendido hasta la planta de sus pies, lo llenan de felicidad, son la confirmación de que es parte del ecosistema. Un animal más en medio de la espesura verde. Está vivo. Su sangre alimenta a los zancudos y ácaros, él come los peces del río y los frutos del bosque y cuando caga su mierda es llevada por los escarabajos peloteros. Para completar el cuadro, la colonia de hongos que vive entre los dedos de sus pies parece reproducirse exitosamente. Sí, está vivo.

La lluvia se hace más intensa. Protege su libreta de campo como si se tratara del último objeto sagrado en la tierra, se limpia el agua que le escurre por la cara, frunce el ceño tratando de distinguir algo en medio de las copas de los árboles. Entre el follaje se adivina una cola peluda. Con mucho cuidado abre su libreta, garabatea: 14:30/Mj/Des/alfa-2. Su libreta está llena de anotaciones similares, aparentemente huérfanas de significado y que sin embargo resumen todo lo que ha hecho desde que llegó a vivir al amazonas. Códigos sin sentido aparente que dan sentido a su vida.

La lluvia se detiene tan repentinamente como comenzó. Lluvia Felina. Churrrruuuuuu aúlla el dueño de la cola peluda mientras se sacude el agua.  Churrrrruuuuu-churrruuuu responden sus compañeros de tropa.  El biólogo sonríe,  sabe lo que eso significa. Arriba, las ramas se agitan con el movimiento de los primates, dejando caer las últimas gotas. Lentamente la manada comienza su movimiento; para el biólogo es tiempo de continuar, de ir adonde sus primates lo quieran llevar.

Testigo y escribano silencioso, veleta indefensa sometida a los instintos de la manada.

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