Cuentos typewriter

Publicado en diciembre 2012 |

33

La Confusión – Convicción – Revelación [cuentos]

La confusión

por Ariel Barría Alvarado

La primera vez que me confundieron con Miki fue hace tres semanas, apenas unas horas después de haber llegado aquí. Andaba en busca de un hotel modesto en el que
me pudiera alojar con mis escuálidos recursos de exiliado, para procurar un nuevo inicio, una vida mejor, o al menos concretar mis sueños de paz, lejos de las amenazas absurdas que desangran a mi patria. Aún veo a la morena, alta y guapa, desde el otro lado de la calle, gritándome el nombre. Me sentí aludido por ser el único transeúnte a la vista, pero creía que se estaba dirigiendo a otra persona. Solo atiné a responderle cuando ella cruzó la vía y me reclamó por no saludarla, agregando enseguida que ya me daba por muerto. Mi acento debe haberla sacado de la confusión, porque apenas hablé se quedó observándome, con una amplia sonrisa congelada en su hermoso rostro. “No puede ser… increíble…”, repetía mientras se alejaba, volviendo el rostro varias veces. Luego pensé que debí seguirle la corriente, entablar una conversación, establecer un vínculo, qué sé yo. Pero eso fue luego, cuando ya la había perdido de vista.

Varios días después, en los muelles, un estibador pasó a mi lado y me soltó un golpe en la espalda, acompañado por un “¡Hey, Miki! ¡Apareciste!” que me dejó helado. Ni siquiera pude aclararle su error. El hombre iba ya muelle abajo, no sin antes enviarme un desprevenido “¡Cuídate, compañero!”. Esa segunda vez me hizo creer que de veras existía alguien muy parecido a mí en esta ciudad, alguien importante que se llamaba Miki, y a quien aparentemente estaban echando de menos en las calles.

Pero si quedaban dudas, hoy las he descartado: un tipo, aquel que ahora huye por el parque, salió de las sombras en el momento en que iba a ablandar mi hambre con pan duro y café callejero; con malévola ternura me susurró al oído: “¡Te lo dije, Miki!”, y me ha abierto esta herida por la se me esfuma la vida y se me van los sueños…

Nota del editor: Este cuento forma parte del libro Ojos para oír, Premio Nacional Ricardo Miró 2006. Panamá: INAC, 2007

Convicción

por Ariel Barría Alvarado

Abrí la puerta con firmeza y puse un pie afuera. Ella, con las manos crispadas, el gesto hostil y la palabra sibilante, me dijo, también con firmeza:

—No te atreverás a abandonarme. No podrías vivir un día sin mí…

Quince años es lapso más que suficiente para que una mujer conozca a un hombre, para que descubra y dome sus fortalezas, para que apuntale sus debilidades. Ella se expresó con esa dura convicción que sólo concede el tiempo, y hasta temí que tuviera razón.

No obstante, me vino a la mente la salida abrupta hacia el exilio, veinte años atrás, cuando los soldados tiraron la puerta mientras escribía en mi vieja máquina de entonces. Al día siguiente abrieron el calabozo para anunciar que me iban a echar del país y yo, sin calibrar la dimensión de la tragedia, les pedí que me dejaran recoger mi máquina y mis papeles. Me lo negaron, por supuesto; me lo negaron riendo a carcajadas. Salí para no volver, creyendo que no sobreviviría sin mi patria y sin mis libros, las dos cosas que más añoraba.

Pero el tiempo pasa, y vinieron otras máquinas, otros libros, y esta nueva patria. Así supe que ni esas ausencias matan.

Por eso, cuando tiro la puerta tras de mí y emprendo viaje hacia este nuevo exilio, sé muy bien que ahora tampoco me voy a morir sin ella.

Nota del editor: Este cuento forma parte del libro Ojos para oír, Premio Nacional Ricardo Miró 2006. Panamá: INAC, 2007

Revelación

por Ariel Barría Alvarado

Los latidos en el cardiógrafo se hacen más rápidos, en la misma medida en que cunden el asombro y la estupefacción por la sala. Como si esa fuera la señal que me dan para tomar un descanso, aprovecho para repasar algunos sucesos que el éter parece haber rescatado del olvido con esto del cirujano montañés.

Alguien me dijo (mi padre, ¿quién más?) allá por los días de la inauguración de la memoria, que los montañeses eran gente rara. En realidad fue más drástico: decía que eran buenos para nada, que no actuaban como el resto de las personas. Él desconfiaba de los montañeses como yo de los alacranes.

Nosotros fuimos gente de mar siempre; sabíamos de pesca, de mareas, de vientos, de rumbos, de estrellas. Vivíamos a nuestra manera, felices. A veces, muy de cuando en cuando, venían al puerto algunos montañeses. Traían frutas, verduras, plantas, tabaco. Se llevaban cosas de acá: sal, cuerdas, herramientas, clavos, telas, y a veces hasta pescado seco. El viejo Pérez los atendía en su tienda a la entrada del puerto y yo llegué a ver en una o dos oportunidades aquellas transacciones: casi sin palabras, apenas señalando alguna mercancía y asintiendo luego con la cabeza para consentir en el peso, en la medida o en el precio. Se sabía que ellos dejaban gente a orillas del pueblo, esperando con carretas, con caballos y bueyes, con brazos.

Algo se sabía de eso. Ruiz, el cosedor de redes, dijo que se topó un día con la caravana de los montañeses. No tuvo tiempo de tirarse al monte y se pegó a la orilla del sendero, lívido. Nos contó que sus niños llevaban la mirada baja, casi escondida bajo sombreros grandes, enterrados hasta las orejas. También dijo, con el tiempo y con mucho temor, como quien peca, que una de las mujeres de la carreta llevaba colgando una bolsa de carne bajo el mentón, como un apéndice extraño, no humano, pero esto se quedó en los linderos del mito, porque Ruiz solo hablaba de eso cuando estaba muy borracho.

De todos modos, desconfiábamos de los montañeses, como se desconfía de los cambios del viento en las tardes de pesca. Yo era hijo y nieto de pescadores, gente dura, y mi padre acostumbraba a beber cantidades extraordinarias de licor sin dar muestras de beodez. Algunas veces lo veía tirado en su cama (él siempre durmió solo, en el otro extremo de la recámara donde mi madre y nosotros nos apretábamos para conjurar el frío) borracho, con los ojos abiertos y en blanco. Y me daba temor, pero enseguida pensaba que si él estaba muerto (porque así me imaginaba a los muertos) tendríamos que irnos a vivir a la montaña, con los abuelos a los que no conocíamos y de los que mi madre nos hablaba solamente en voz baja y calculando la dirección del viento. Ese único pensamiento bastaba para hacerme desear que mi padre volviera a la vida, y me alegraba al oírlo desamarrando cosas en la oscuridad de la madrugada, aprestándose a partir.

Durante las largas semanas de ausencia de mi padre, cuando se iba de pesca, quise tomar varias veces el camino de las montañas. Podría haberlo hecho; había días, cuando no tenía ganas de ir a la escuela, en los que vagaba por el puerto, indagando caras, copiando gestos, repitiendo palabrotas. En más de una ocasión me gané unos pesos subiendo o bajando carga y hasta pude hurtarme algunos sorbos de licor cuando alguien pasaba la botella de mano en mano celebrando una buena pesca pero casi siempre un conocido de papá me echaba del lugar, mandándome para la escuela. Cualquiera de esos días (y me consta cuánto pensé en esa posibilidad), pude haberme ido hacia las montañas, detrás de la gente que sacaba pescado del puerto. Pero no lo hice y no sé por qué.

Cuando mi padre regresaba le contaba a mamá las anécdotas de la pesca. Nosotros escuchábamos, como si el cuento fuera para nosotros, y así oímos hablar del gran mero que vivía en los arrecifes y del extraño pez con patas que un extranjero compró a precio de oro, a pesar de que ellos, cuando lo pescaban, acostumbraban echarlo por la borda porque les daba asco comer el pejebrujo (así lo llamaban) al que el extranjero había guardado en una nevera con hielo y cerradura y le había escrito encima “Celacanto” (mi padre decía “se-la-canto” y luego se reía del chiste).

Pero cualquier historia, anécdota o comentario siempre terminaba con la acusación de que algo había salido mal por culpa de un montañés, ya fuera por la negligencia o la mala fe del culpable. El hombre desconfiaba de los montañeses como quien desconfía de la araña que teje la red sobre su cama.

Yo me imaginaba a los montañeses como una especie de gente-que-come-gente. Alguna vez, alguien (¿sería mi padre?) aventuró la teoría de que también se comían a sus hijos, o a los hijos de los de la costa, cuando estos se extraviaban. Y que de esas costumbres provenían las taras que cundían entre ellos (algunos con un solo ojo, otros ciegos que podían ver, algunos con vellos en toda la cara, otros con tres manos o sin ellas) así como esa dosis de imbecilidad que él siempre les achacaba.

Más tarde viajé a la ciudad a estudiar leyes y todavía recuerdo cuánto me extrañó saber que uno de los estudiantes de segundo año era un montañés. Luego me enteré de que estaba becado por extrema pobreza (o por tara extrema, ironicé enseguida) y cada vez que tenía necesidad de pasar por los años superiores me afanaba por distinguir al chico con la baba guindando, como me imaginaba al tal montañés. Pero después lo vi graduarse junto a todos, alguien lo señaló por mi interés, y no le noté nada extraordinario, aparte del hecho de que se sentaba al frente de los demás graduados (producto natural de la segregación a la que se le sometía, deduje de inmediato). Aunque lejos de las montañas, yo seguía desconfiando de sus habitantes, como se desconfía de una avispa que ronda el cuello de nuestra camisa.

Hasta este momento, con el asunto del bypass y los comentarios del equipo médico que me atiende. “Que sí está pálido”, dijo la enfermera; “que es raro, pues se trata de un hombre de la costa”, dijo el que parecía manejar el expediente; y entonces el cirujano, al que todos llamaban “Jefe”, salió con la expresión que ahora nos tiene en ascuas:

—Tranquilo, amigo, que usted sale de estas y lo voy a invitar a mi casa en las montañas para que respire aire puro.

Lo peor de todo es que lo dijo con ese aire displicente con que hablan todos los montañeses, en quienes confío menos que en un perro rabioso que nos mira a los ojos
meneando la cola.

Nota del editor: Cuento del libro Al pie de la letra, Premio José María Sánchez. Panamá: UTP, 2002; Editora Norma, 2007

Ariel Barría Alvarado

Es profesor de lengua y literatura en la Universidad Católica Santa María La Antigua y en la Universidad Tecnológica de Panamá. Labora, además, como director de la Editorial La Antigua y corrector de estilo para el Grupo Santillana, y es miembro de la junta directiva de la Asociación de Escritores de Panamá. Ha publicado, en cuento, El libro de los sucesos (2000), Al pie de la letra (2003) y En nombre del siglo (2004), y en novela, La loma de cristal (2001). Ha ganado varios concursos nacionales de literatura.



33 respuestas a La Confusión – Convicción – Revelación [cuentos]

  1. berkey says:

    Hello, Neat post. There is an issue along with your website in internet explorer, would test this? IE still is the marketplace chief and a big component of people will omit your wonderful writing because of this problem.|

  2. Amos Farone says:

    Hello there, I found your web site via Google while searching for a related topic, your web site came up, it looks great. I have bookmarked it in my google bookmarks.

  3. feed says:

    In fact no matter if someone doesn’t know afterward its up to other people that they will help, so here it takes place.|

  4. Frank Pienta says:

    Hey there! I’m at work browsing your blog from my new iphone! Just wanted to say I love reading through your blog and look forward to all your posts! Carry on the fantastic work!

  5. Buford Vayon says:

    My wife and i have been now more than happy Chris managed to deal with his homework from the ideas he obtained while using the weblog. It’s not at all simplistic to just possibly be giving away information and facts that many people might have been selling. And we fully understand we need the website owner to thank for this. Most of the explanations you have made, the simple site menu, the relationships you make it easier to foster – it’s got many astonishing, and it is helping our son in addition to us recognize that that topic is pleasurable, and that’s exceptionally indispensable. Thanks for the whole lot!

  6. Hugo Calvano says:

    Hello, you used to write great, but the last several posts have been kinda boring… I miss your super writings. Past several posts are just a little bit out of track! come on!

  7. You can definitely see your expertise in the work you write. The arena hopes for even more passionate writers such as you who aren’t afraid to mention how they believe. All the time follow your heart.

  8. feed says:

    I’m curious to find out what blog platform you have been using? I’m having some small security problems with my latest website and I’d like to find something more risk-free. Do you have any suggestions?|

  9. the feed says:

    I think this is one of the most vital information for me. And i’m glad studying your article. However want to observation on few general issues, The site taste is ideal, the articles is in reality excellent : D. Excellent task, cheers|

  10. thefeed says:

    Why viewers still use to read news papers when in this technological world all is existing on web?|

  11. Thank you for the good writeup. It in fact was a entertainment account it. Glance complicated to far delivered agreeable from you! However, how can we keep in touch?

  12. I would like to thank you for the efforts you’ve put in writing this site. I’m hoping the same high-grade site post from you in the upcoming also. In fact your creative writing abilities has encouraged me to get my own blog now. Really the blogging is spreading its wings fast. Your write up is a good example of it.

  13. I think this is one of the most vital info for me. And i am glad reading your article. But wanna remark on some general things, The site style is wonderful, the articles is really nice : D. Good job, cheers|

  14. Hi there, simply turned into aware of your weblog thru Google, and found that it’s really informative. I’m gonna watch out for brussels. I will be grateful if you happen to proceed this in future. Numerous other people will probably be benefited out of your writing. Cheers!

  15. Lyman Denna says:

    Howdy I am so glad I found your weblog, I really found you by error, while I was researching on Bing for something else, Anyways I am here now and would just like to say kudos for a incredible post and a all round entertaining blog (I also love the theme/design), I don’t have time to browse it all at the minute but I have book-marked it and also included your RSS feeds, so when I have time I will be back to read a lot more, Please do keep up the excellent work.

  16. Just want to say your article is as astonishing. The clearness to your submit is just nice and i can assume you’re knowledgeable on this subject. Well together with your permission allow me to grab your RSS feed to keep updated with imminent post. Thanks a million and please continue the enjoyable work.

  17. I have been surfing on-line more than three hours nowadays, but I by no means found any interesting article like yours. It’s beautiful worth enough for me. Personally, if all site owners and bloggers made just right content material as you did, the internet might be a lot more useful than ever before.

  18. I haven’t checked in here for some time as I thought it was getting boring, but the last few posts are good quality so I guess I will add you back to my everyday bloglist. You deserve it my friend :)

  19. superbeets says:

    My developer is trying to convince me to move to .net from PHP. I have always disliked the idea because of the costs. But he’s tryiong none the less. I’ve been using WordPress on several websites for about a year and am anxious about switching to another platform. I have heard fantastic things about blogengine.net. Is there a way I can transfer all my wordpress content into it? Any help would be really appreciated!|

  20. Ken Sahr says:

    There are some fascinating deadlines on this article however I don’t know if I see all of them heart to heart. There may be some validity however I’ll take maintain opinion until I look into it further. Good article , thanks and we wish extra! Added to FeedBurner as nicely

  21. Do you have a spam issue on this website; I also am a blogger, and I was wanting to know your situation; many of us have developed some nice methods and we are looking to exchange techniques with others, please shoot me an email if interested.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Back to Top ↑